25. Crónicas Dominas: la esclava, rutinas 1.

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"A veces una sumisa es una persona fuerte que busca a alguien más fuerte" .


"Me gustaría saber que piensa la esclava en su día día. Deseo leer que siente en relación al Amo cuando realiza las tareas más comunes".

Y ya sabe el Amo que sus deseos son ordenes para la esclava.

La vida de la esclava se ha convertido en una continuidad de experiencias y minutos que transcurren en horas y días tras la Doma del Amo. Dependiendo de aquello que tengan esa noche, la esclava sueña mientras repasa lo aprendido. Curiosamente al día siguiente, con una naturalidad que no imaginó nunca , van aconteciendo y como pinceladas sutiles de un artista principiante van manchando su jornada. 

Esta semana pasada ha sido, en lo personal de la mujer... complicada, acontecimientos que solventar que de algún modo me llevaron a enfrentar a la mujer con la esclava.
Mi carácter no es sumiso. No permito que nadie decida nada por mi, apartando la prepotencia que es también participe de mi personalidad, admito consejos, puntos de vista... Pero no me dejo jamás influenciar. Como última medida prefiero equivocarme y arriesgar a mi instinto. Quizás sea un arraigamiento a un absurdo modo de no crecer nunca y mantener ese punto de inmadurez canalla e impulsiva que me caracteriza y hace que parezca alocada e irresponsable. Sí fuera así como algunas personas creen al leerme o ver mi conducta desde fuera, esto último me refiero a personas de mi entorno en mi vida común, no podría hacer lo que hago.
Soy sin ser nadie importante , alguien que carga un peso de responsabilidades que a veces es difícil de sobrellevar...


El Amo dice que eso me pasa por ser "desidia"... Bueno, no estoy segura, supongo que la gente se acostumbra a ir por el camino fácil y agachar la cabeza. Yo soy complicada, miro los problemas de frente y cuando nadie hace nada soy incapaz de seguir mi camino, así me va... Cargando con el peso que no me corresponde. Pero que elijo llevar. Soy esclava de mi conciencia y de mi modo de entender la responsabilidad personal sobre los acontecimientos que me rodean en el mundo y el tiempo presente.

Así que al cruzarme con este mundo del BDSM, con un rol de esclava, llevo la base. O al menos así lo creo, se cual es mi lugar como esclava, pero la sumisión, eso es otro tema. Y ahí a veces me quedo suspendida y no sobre un bondage, si no sobre mi pensamiento.

Soy incapaz de dejar de razonar.

Y lo que el Amo pretende es bien fácil, convertir a la esclava en un animal, el animal solo obedece, se deja disciplinar, no piensa, actúa a la orden. Eso es todo lo contrario a lo que la mujer es.

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Soy una mujer de tomar decisiones, de pensar por otros, de asumir responsabilidades así que... continuamente me pregunto si soy la persona apropiada para ser esclava de un Amo, al que además me parezco tanto. En el fondo somos muy parecidos, solo que él con rabo y yo con un coño hasta ahora imposible de anillar. Por tanto, todo lo que hago en mi día a día, sin que lo pretenda se inclina a llevarlo a la relación 24/7 a remoto. O al menos a relacionarlo.

Mi móvil se ha convertido en un aparatejo que bien podría asimilarse a un respiradero artificial o una máquina de oxigeno. Es lo que marca los tiempos en mi vida y compagina lo que hago como mujer con mi actividad como esclava.

Mi jornada, independiente de a la hora que acabo termina cuando el Amo escribe la palabra: cierro.
Entonces sé que hasta las siete de la mañana he de dormir.

No importa que problemas acontecen en mi vida, a las siete tengo que estar en pie y esperar a que el Amo aparezca, siempre en guardia como el mejor de los mastines guardés. Solo que yo vigilo tener cobertura y batería y no quedarme dormida, si mis horarios se adelantan, adaptarlos a estar esa hora con un tiempo (que ya conozco) para El. Lo más básico he aprendido a llevarlo, y aunque parezca fácil, no lo es.

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Para alguien independiente, estar sujeta a una dependencia de reclamo sin horas establecidas es un suplicio.  Parezco la "tontaelmóvil".

Pero me basta que el Amo se conecte y me encuentre, saberle satisfecho, para que eso me ayude a ser constante. Y yo, por mi naturaleza dominante se la satisfacción que provoca eso en partes del cerebro que la Doma estimula.

Imagino lo que sería ir paseando con el Amo, mientras lo hago sola por la calle de vuelta de unas gestiones, media mañana, hace una calor ya insoportable.
 Mi bar favorito es un reclamo de frescor que llama al acceso a su interior. Me paro en la puerta dispuesta a entrar a tomarme un refresco. Si el Amo estuviera conmigo, dejaría a la esclava en la calle, mientras él entraría al local a tomarse una cerveza bien fresquita. Las cristaleras dejan ver desde la calle parte de la barra del bar. Me lo imagino entrando y colocándose en en sitio estratégico desde el que vigilar a su propiedad. Y la esclava en la acera de enfrente en la postura que él ha ordenado, de pie, piernas un poco abiertas, espalda erguida, barbilla al pecho, brazos estirados con las palmas abiertas hacia delante.

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Que Cabrón, pero yo obedecería solo por darle el placer de tomar su cerveza mirando desde dentro la escena, algunas personas serían consciente y merodearían de reojo preguntándose que ocurre. Esa sensación sería un estimulo que me haría estremecer y desear levantar la cabeza y mirarle. No estoy segura si me podría contener.

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El Amo saldría y al llegar a mi altura diría eso de: "buena perra". Mientras con una mano me acariciaría el pelo como a una mascota. Pondría la botellita de agua helada  frente a mi cara y con esa sonrisa maliciosa que tiene diría: "ladra para el Amo".

Yo lo miraría con los ojos apretados intentando fulminarlo y él empezaría a derramar el agua lento frente a mi.  La esclava aguantaría el primer tercio, luego maldeciría  y ladraría bajito. "Más alto" la orden del Amo detendría el derrame del agua y entonces le gruñiría en voz alta y luego ladraría llamando la atención de todos los transeúntes. Lo siguiente seria beber al chorro, pero él perverso me mojaría la cara y el escote haciendo que me enrabietase y me pusiera más caliente. Entonces derramaría el agua en la palma de su mano y me la daría a beber y la esclava no dudaría en volver a maldecir y lamer hasta la última gota.

Alguien se ha parado frente a mi y su cercanía hace que salga de mi ensoñación. El sol de frente me deslumbra y no se quien es, pero no me gusta algo que dice sobre hacerle a la rubia. Lo mando al carajo, de milagro no le gruño, aún estoy jadeando de la presión de mi imaginación.

Ahora ya lo sabes.

L@s demás también. Diría que me revienta el modo en que me llevas a las cuerdas domando mis limites establecidos. Pero no es verdad. Aún soy más perversa, y más bocachancla...

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Continuará...

Comentarios

  1. La belleza de no controlar a aquellas criaturas salvajes, el no poder domesticarlas ni retenerlas, no sólo te llena de placer y excitación a ti, también a aquellos que son capaces de experimentar la libertad del espíritu.

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  2. Lástima que un tanto por ciento muy pequeño de esclavas sean así. Por lo general, son débiles y demasiado sumisas... vamos, que no lo tienen claro. Y es tan difícil...

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  3. Gracias por vuestros comentarios me ayudan a reflexionar.

    Pienso que hay una libertad en el espíritu que ni en relación convencional, ni en relaciones consensuadas puede ser domado. La diferencia es que el sometimiento es establecido en la segundas y es una oportunidad digna que no se da en las relaciones convencionales.

    En cuanto a las mujeres sumisas. Creo que la sumisión ha sido mal interpretada en muchas de sus vertientes incluidas la sexual.
    La mujer sumisa sexual no es una mujer débil, es una mujer que elije dejar en manís de otra persona las elecciones, renunciando a elegir por ellas mismas.
    Eso requiere equilibrio emocional para no entrar en barrena más tarde. Y no mezclar con el resto de emociones relacionadas con el individuo. Ahí es donde empiezan los problemas y las taras dentro del consenso.

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