12/Divagando.



Maldito cabrón. 
Hasta para colarte en mis desvelos eres el mejor. 

Esta noche estoy en ciernes, a la deriva de mis emociones, dolorida (este maldita lesión del músculo me tiene jodida la espalda) y desbordados los sentidos. La guerrera se ha ido hace rato, ahora en mi cama solo queda la mujer. Te leo tan seguro  escribes tu mensaje con esa seguridad que te caracteriza: "No digas así, solo eres una mujer sola" 
Ummm... Que agudo, lo descubres con facilidad, estoy sola, desnuda de cuerpo y alma y en un momento de fragilidad. Otro aprovecharía la oportunidad, tú no. Eres un guerrero indomable, como yo... 
Solo me poseerás por la fuerza y cuando seamos de semejante a semejante, eso me excita, hace que mi espíritu se eleve y que me recupere antes para la batalla de conquistarte y derribarte. Porque al final serás mío, o por mi victoria o... Porque te dejes ganar, río, se que al final te dejarás y yo fingiré creer que te he vencido, será un juego de deleitosas mentiras que nos enredaran entre derrotas banales que nos depositen en el descanso del guerrero. 

Ahora, simplemente me acaricias en la distancia, y me llamas niña. Eres jodidamente bueno cabrón, hasta cuando deseas serlo y conquistarme por otros medios.  Pero yo anhelo la lujuria escondida y sostenida que sé posees tras esas frases hechiceras. "Cierra los ojos, recuéstate boca abajo y deja que mis manos hagan el resto" 

Y obedezco, aunque no puedes verme. 
Cierro mis ojos, tus manos van directa al punto de mi espalda donde los músculos se contraen y me martirizan. Son hábiles para desanudar esa corriente de dolor... Quiero dejarme ir en el placer de sentir como me aprietan y me liberan. Más mi libido ya se encrespa en el movimiento que sigue tu erección golpeando mi trasero cada vez que te estiras sobre mí masajeando mi espalda. No veo el momento en que desaparezca esa barrera de tus pantalones. 
Pero hasta en mis sueños tú sigues siendo un cabrón de élite, no rebasas mis barreras bajadas, solo me darás lo justo, lo que necesito para dormir, sin victorias a la baja ganadas. 

Te levantas a horcajadas de mi trasero, bajas un poco más, ahora te dejas caer sobre mis muslos. No se si protestar, te prefería donde estabas. Tus manos han bajado a mi trasero, me acaricias juntando mis piernas más y tengo la extraña sensación de que una nalgada va a aterrizar justo en este instante en mis glúteos. Pero no, solo dejas caer la mano en un intento que me hace gemir. Y luego te dejas caer, me raspas con tu mentón sobre ellos, me besas, siento la calidez de tus labios, del bajío de tu aliento y tras esos segundos me levantas con tus manos las caderas. Estoy en la posición perfecta para recibirte, sería tan fácil poseerme ahora y yo voy a dejarme... 
Me puedes leer, lo sé cuando te siento reír mordaz junto a mi oído, Te has estirado sobre mi, suspendido en una mano, la otra pasando por mi cadera, bordeando mi ingle, superando los pliegues de mi sexo, buscando el centro de mi placer. Me penetras con dos dedos, invades mi humedad y la arrastras hasta el montículo erecto de mi placer. Sí, eres bueno masturbando a una mujer. Sabes como hacerlo y lo disfrutas, tanto como yo. Lo sé por como advierto crecer tu polla y oprimir con su dureza tras tu ropa sobre mi culo que te busca en puro contoneo de placer... ¿Donde fue a parar la guerrera? El único arma que quiero ahora verte desempuñar es esa verga larga y gruesa, que me la claves hasta el fondo sin piedad. 

"Guerrera hermosa!"
"Descansa! Duerme..."
Me dices. Mientras me corro de placer y me desbordo.

Ummm... La batalla solo acaba de empezar.





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